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Mani-fe's-to...

Lo que creemos cuando nos encontramos haciendo

 A lo largo de nuestra vida utilizamos continuamente nuestras manos para realizar actividades de toda índole: desde atarnos los cordones de los zapatos hasta escribir, cocinar, limpiar, conducir, jugar, trabajar, etc., con ayuda de infinidad de herramientas apropiadas al uso manual. Pueden servir también para acariciar con sensualidad, o por el contrario para hacer daño, para expresar agresividad o enfado. Las manos pueden sugerir nuestra personalidad y nuestro estado de ánimo: firmeza, fuerza, determinación, ternura, suavidad, dulzura, nerviosismo... , y, sin duda, no podemos dejar de servimos de ellas para hablar y comunicarnos.

Por otra parte no debemos olvidar la importancia ultraindividual que se concede a las manos como registros fieles tanto de nuestra identidad intransferible (pues todos sabemos que las huellas dactilares son irrepetibles entre dos personas, incluso entre gemelos), y también como registros fieles de toda nuestra vida (presente, pasado y futuro), si nos valemos de lecturas quirománticas que, según suponen (la quirognomía y quirología), toda nuestra vida queda reflejada en nuestras manos, en su forma y en sus marcas, lo que nos puede dar claves para conocernos a nosotros mismos y facilitarnos asÌ las elecciones adecuadas ante la vida por venir. Se trata de creer o no!

Existe otro orden de actos en los que nuestras manos se transforman. Y parece que llegan al punto de desmaterializarse... En este proyecto se abordan este tipo de momentos y se trata de obtener qué consideraciones podríamos obtener en relación a lo que ocurre en nuestro pensamiento. A continuación te presento este proyecto.

¿Qué significa este concepto?

Como apuntábamos anteriormente, experimentamos ciertas situaciones momentáneas en que parece que nuestras manos se distorsionan, parece que sufren alteraciones. Devienen objetos cargados de energía. Apenas parecen pertenecer a nuestro cuerpo. Me refiero a esos instantes en que, por una razón u otra, nos encontramos inmersos en lo más profundo de nuestro pensamiento. Así, cuando realizamos las actividades más triviales en las que adoptamos los gestos más comunes, ya sea por rutinarias porque las repetimos múltiples veces a lo largo del día, ya porque sean actividades vacías de función en las que movemos nuestras manos por pura inercia, gratuitamente, casi nos transformamos en verdaderos automatismos. Estos precisos momentos, de gran profusión por otra parte, son monopolizados por nuestra hiperconsciencia y hacen que pongamos la atención en cuestiones que tenemos en mente aún sin resolver.

Instantes de hiperconsciencia y ultraobjetividad

Se trata de instantes en los que el momento se dilata y lo que en tiempo real dura un segundo, puede transformarse y parecernos una eternidad. La acción queda relegada a un acto de hiper-consciencia cerebral, de profundo pensamiento, de imaginación desatada. Es en dichos momentos cuando más claramente pensamos. En este punto surge una duda sobre qué sucede entonces: ¿nos abstraemos? o, ¿acaso son momentos en los que realmente nos concretarnos a nosotros mismos?...

De algún modo, el hecho de que en tales situaciones nuestra mirada se diluya y predomine nuestro pensamiento no afecta para nada a la conclusión efectiva de la actividad que estemos realizando, es decir, no somos apenas conscientes de lo que estamos haciendo, pero lo llevamos a cabo a la perfección. Llegamos a un punto de ultra-objetividad. Esto sucede por ejemplo muchas veces cuando vamos conduciendo (con la complejidad de procesos que requiere la conducción), pero también en los simples actos de lavarnos las manos, cepillarnos los dientes o abrocharnos la camisa.

Por eso me atrevo a decir, aún a riesgo de parecer un absurdo desmesurado:

La fe del hombre reside en sus manos.

 

Intrínsecamente ligado a este tipo de “funcionamiento” se encuentra el acto pictórico

Mani-fe's-to... manos fe pintura

Mientras pintamos, nuestro cerebro “activa” nuestras manos provocando su actuación automática. Cuando ya llevamos cierto periodo de tiempo pintando, resulta que lo verdaderamente atractivo de dicho acto no es la pintura en sí, sino más bien la enorme cantidad de pensamientos y reflexiones que transitan por nuestro interior. Pintamos sin pintar. Es decir dejamos de ser conscientes de que estamos pintando y lo que conseguimos, paradójicamente, es ser hiperconscientes en diferentes ámbitos de nuestra mente.

Uso de la fotografía

Encuentro que la fotografía (fotografía digital en este caso), como punto de partida para este proyecto es perfecta dadas su inmediatez e instantaneidad. Por ello al “disparar” las fotos trato de no pensar en nada. Su adopción aquí queda justificada por el tema tratado: cuando estamos inmersos en nuestros pensamientos sin atender apenas a lo que vemos, nuestra mirada queda en suspensión, parece disolverse y, sin embargo, la actividad que estemos llevando a cabo (con nuestras manos) se realiza a la perfección, de un modo automático. La imagen que ven nuestros ojos llega al umbral del desenfoque, dándose por ello una simplificación tanto de los tonos como de las formas. Así el desenfoque fotográfico registra este hecho.

Además, una de las características propias del medio fotográfico es el único punto focal de la imagen resultante, la perspectiva se mantiene concentrada en un único punto, siempre central, de la misma manera en que nosotros mantenemos concentradas nuestras manos en la actividad, objetivo puntual, que nos encontremos realizando, alcanzando así el punto de ultra-objetividad al que aludíamos antes. De ahí que tengamos la firme convicción depositada en nuestras manos, que nos garantizan el fin pretendido, por trivial que nos parezca.

Finalidad pictórica

En un segundo paso realizo modificaciones y la imagen tomada mecánicamente al inicio sufre manipulaciones. A continuación aparece la copia. La copia de diversa índole: desde la copia imitativa, cuyos resultados quedan expresados en pintura, dibujo o ambos a la vez, hasta la copia propia de la reproducción impresa. También se proponen casos de apropiación de imágenes que se transforman a su vez en “actos de imitación” (meros simulacros vacíos de contenido), en unos casos y, de libertad expresiva en otros. Por tanto se presentan diversas imágenes formadas en diferentes soportes que, en definitiva, resultan ser “copias” de otras: bien porque se parte de la fotografía (que ya en sí es un tipo de copia o impresión de la realidad), bien porque se parte de la apropiación de otras imágenes ya generadas por alguien.

 
Esta de-gradación de la imagen inicial, ¿se puede considerar una defección de lo que puede expresar?, o por contra ¿contribuye a reafirmarla y solidificarla?...
Están en juego varias cosas: lo que hacemos, lo que vemos, lo que pensamos, lo que creemos.

Proyecto pictórico

Descripción del proyecto

El lema de este proyecto trata de reunir e integrar varios conceptos simultáneamente, de modo que subyace una interrelación temática triple: manos-fe-pintura. Se compone de una serie de obras que utilizan diversos medios de expresión plástica con la intención de abrir horizontes interpretativos y estimular relaciones que favorezcan nuestra reflexión. La mayor parte de las obras son generadas a partir de la fotografía, aunque apunten en último término a valores pictóricos.