Liberación cósmica

La idea clave es atender a qué nos ofrece la pintura. A veces me pregunto el porqué tengo tan asumido sentirme al servicio y a merced de la PINTURA. De ello se deriva una intuición que hace tambalear todos los cimientos de la lógica. Como «pinteur» lo que asimilo cuando pinto es una liberación a nivel de conciencia de categoría cósmica, siento que mi espíritu se eleva de tal modo que trasciende lo terrenal. Lo pintado carece, per se, de importancia absoluta. Como un niño que «retrata» a sus papás, a su mascota, etc., sobre la coloreada y borratajeada hoja, se abre milagrosamente una puerta cósmica a un universo del que él es parte pero dueño y señor a la vez. Es esa INTENCIÓN, trascendente* de la realidad, la que la pintura o en este caso un simpático garabato, impregna nuestra conciencia y nos libera cósmicamente.

La pregunta sobre «qué» ofrezco yo a la pintura, cuando pinto, puede resultarnos un tanto contradictoria. En primer lugar, lo obvio es asumir que servimos como potenciales puertas/ventanas que permiten mostrarse a la propia pintura cuando las abrimos. En segundo lugar, la INTENCIÓN que imprimimos en nuestro proceso/discurso añade experiencias nuevas, siempre de actualidad, siempre con forma y siempre en acto, al corpus pictórico (que deberíamos tener claro, no diferencia entre bien y mal o entre mejor y peor).

La superficie de la pintura actúa de límite, es tenaz, nada físico lo penetra. Sin embargo, cuando miramos lo que hay sobre ella, lo pintado, garabateado, etc., una transformación tiene lugar: lo metafísico de otro tiempo y espacio diferente al nuestro, acude de inmediato formando un puente, una conexión con nuestros pensamientos, ideas, percepciones, sensaciones y emociones que retroalimentan nuestra conciencia por un lado, mientras que a la propia PINTURA, por el otro, la nutre y enriquece.


*NOTA:

El sentido trascendente al que se hace referencia en el texto es el filosófico, es decir de puro pensamiento y, por ende, especulativo completamente. En cambio, el ámbito pictórico sí permite hacer metafísica por cuanto que, aun siendo plenamente especulativo también y haciéndose referencia a ideas y pensamientos, supone un límite, un ámbito físico (aun en su más fino estado) que permite la DUDA, pero que garantiza el contacto continuo entre lo físico y lo metafísco, sin elisiones. La pintura constituye ese nexo de unión que mantiene aproximados ambos ámbitos y equilibra nuestras certezas con nuestras creencias; nuestros dogmas con nuestras intuiciones…

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